sábado, 9 de enero de 2010

No mires


Love is like a sin, my love
For the one that feels it the most

Sonaba una canción mientras esperaba. Los cristales devolvían caras ajenas bebiendo, fumando, charlando, besando. Reflejos de todo. Era capaz de sentir las refracciones que al resto no importaban.

Una mujer elegante bebía sugerente su Martini mientras el hombre que la acompañaba la miraba absorto. Seguramente estaría preguntándose el sabor del alcohol mezclándose con esa boca granate. La escena se mantenía. Congelada. Como en un fotograma.

Un hombre anciano, aspecto exhausto, fumaba en pipa. Su mirada era triste, honda, opaca. Quizás recordaba su amor pasado. Quizás añoraba un amor presente. Ahora era viejo y se le escapaba la vida por los ojos.

Un joven aparece por la puerta. Se adentra. Imagino su voz. Se acerca. Imagino su olor. Se dirige hacia una mesa donde ella está sentada. Es bella. Se miran. Extiende el brazo, ella toma su mano y se van.

Sigo esperando.

Vienen a buscarme y antes de que entren, yo ya he salido. Discreción ante todo. Tomo del brazo a mi acompañante.

Look at her with her eyes like a flame
She will love you like a fly will never love you, again

Estoy tumbada en la cama, desnuda. Hay alguien en el baño porque oigo ruidos y veo la luz que se escapa por debajo de la puerta. No hay reflexión, no hay refracción. Otra vez la misma canción. Lloro.
- Me voy ya.
- Está bien.

Lloro por dentro.






*Fragmentos de Paradise Circus de Massive Attack

viernes, 6 de noviembre de 2009

Más allá de la luz moribunda, hay una luz infinita



Siempre te recuerdo, siempre. Y te imagino repartida por el cosmos. Omnipresencia.

No importa si la muerte es el principio de otra etapa o el final de la existencia corpórea. No hace falta creer para sentirte en todas partes.

Ahora eres infinita.

lunes, 5 de octubre de 2009

Fuego


Jenni Tapanila


Nunca el fuego fue tan vivo. Contigo, la intangible belleza de una flor. No se quemaba, pero ardía. Ardía con fuerza. Si cerrabas los ojos, podías sentir su aroma penetrando tu cuerpo, anestesiándolo.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Lluvia


Elene Usdin


Nunca el sueño fue tan triste. Decenas de luciérnagas. Había estado lloviendo. Era incoherente, pero a mí me encantaba porque era mi sueño. Pude pintar luces y sombras, el contraste era fascinante. Entonces, las luciérnagas se apagaron y me sumí en la total oscuridad.


domingo, 30 de agosto de 2009

No salgas


Natalie Aniela Dybisz

Es mejor así. La luz.
Así puedes volver y saber que la última vez fuiste tú, fueron tus manos.
Así el tiempo pasa. Y te adentras.
En el tiempo, en el fondo, en lo oscuro.
Y me asusta porque has entrado y no quiero que salgas.
Quédate, quiero llevarte a ver el sol.

domingo, 21 de junio de 2009

Perdición

Lilya Corneli


- ¿Por qué quieres hacerme daño?


- No quiero hacerte daño, dios. Sólo quiero joderte un rato e irme a dormir a casa.


- ¿Ves como tengo razón? Joder es sinónimo de hacer daño.


- No, ¡no! Joder es sinónimo de follar.


- Qué ordinario eres.



Y tranquilamente, se puso a beber un mejunje de los suyos con esa boca que tanto me perturbaba.



- Quítate la ropa.


- Pero ¿qué dices?


- Ya me has oído. Me molestan todos esos tejidos sobre tu cuerpo.


- Todos estos tejidos, como tú dices, cubren mi cuerpo para que obsesos como tú se mueran por saber qué hay debajo de ellos.



Como oponía tanta resistencia verbal, pasé a usar la fuerza. La masa de mi brazo, mínimamente acelerada, y la misma acción de la gravedad fueron más que suficientes. Tumbada en la cama, ya no se resistía. Sabía que la posición horizontal la transformaba, dejaba de ser tan modosa, tan frágil. Todo su yo oculto, su lado animal, salía al exterior. Y me lo mostraba a mí. Únicamente a mí.

No puedo explicar lo que sucedió después con palabras. Todo pasó a cobrar sentido. La ventana entreabierta, los gritos, los cuerpos, las paredes, aquel jarrón horrible, el espejo, nuestro reflejo.

Se levantó.



- No he cerrado la puerta con llave, puedes irte.



Y tímidamente recogió su ropa y entró al baño a cambiarse. Volvía a ser la señorita perfecta que era de cara al mundo imperfecto, la señorita perfecta que yo odiaba, pero que tanto ansiaba. Así que me fui. Debía matar al tipo de la calle 14, órdenes del jefe.



De camino, ya en el coche, estuve pensando en ella. Pensé en que me había salvado, en que sin ella sólo era un ser ruin y mezquino, un asesino cobarde. Ella era mi luz al final del túnel. Ahora sí estaba perdido.

miércoles, 8 de abril de 2009

El purgatorio perdido

Robert & Shana ParkeHarrison


Sales a la calle sin reparar absolutamente en nada. Hoy no importa con cuántos desconocidos te cruces. No vas a elegir uno al azar y comprobar a dónde va, cuáles son sus movimientos o por qué lee el periódico de esa manera o se rasca la oreja de esa otra. Tampoco vas a subir en el ascensor para entablar una breve conversación con un vecino o permanecer treinta segundos envuelto en un silencio incómodo.

Hoy te reirías de la vida, del tiempo, de la levedad del ser, de lo insignificante que eres en el cosmos, de los fragmentos no olvidados, de los momentos nunca vividos, de tus pasos, de la música de fondo.

Pero hoy estás turbado porque hoy no importa nada, ni siquiera el cielo o el infierno.